“Alégrate, pueblo de Sión! ¡Grita de triunfo, pueblo de Jerusalén! Tu rey viene a ti, justo y victorioso, pero humilde, montado en un burro, en la cría de una burra.” (Zacarías 9:9)
Jesús, al entrar a Jerusalén en el día que hoy conmemoramos como Domingo de Ramos, cumple esta profecía de Zacarías.
Sin embargo, no podemos ignorar que no viene con orgullo o poder. Como dice el texto, “es justo y victorioso, pero es humilde”.
En un mundo donde las autoridades a menudo ejercen el poder con orgullo, prepotencia e insensibilidad, la entrada de Cristo es un mensaje contracultural.
Jesús no necesita demostrar su poder, porque ya lo tiene. No necesita intimidar a otros, porque es justo con los más débiles. No necesita ejercer violencia porque su autoridad es suprema.
Que la entrada humilde de Jesús desafíe y confronte a todos los que ejercen el poder de maneras inadecuadas. Que nos recuerde que el poder en el Reino de Dios se expresa a través de la debilidad, no de la fortaleza humana.
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