El incierto momento de la vista borrosa

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Recuerdo una vez que estábamos de viaje con mi familia en un sector montañoso. El paisaje era increíble. El verde de los árboles resaltaba. Hermosas montañas alrededor. Realmente un paraje de cuento. Sin embargo, y sin previo aviso, entramos en un banco de niebla como nunca antes me había tocado ver en mi vida. Yo iba manejando y debo decir que fue una de las experiencias más tensionantes al volante que he tenido. Literalmente no veía NADA al frente. Ni siquiera un metro, nada. Debo haber ido manejando a unos 0,5 km por hora…. por aproximadamente 2 horas…


Hay momentos en nuestras vidas que entramos en algo similar a esta niebla. Tiempos difíciles. Espacios y momentos en los cuales no logramos ver el camino. Parajes donde pensamos que nada esta avanzado. No hay luz, solo nubes. No logras ver con claridad…solo percibes imágenes borrosas.
Mira esta historia de Jesús en el evangelio de Marcos:

Marcos 8:22
22Cuando llegaron a Betsaida, algunas personas llevaron a un hombre ciego ante Jesús y le suplicaron que lo tocara y lo sanara. 23Jesús tomó al ciego de la mano y lo llevó fuera de la aldea. Luego escupió en los ojos del hombre, puso sus manos sobre él y le preguntó:
—¿Puedes ver algo ahora?
24El hombre miró a su alrededor y dijo:
—Sí, veo a algunas personas, pero no puedo verlas con claridad; parecen árboles que caminan.
25Entonces Jesús puso nuevamente sus manos sobre los ojos del hombre y fueron abiertos. Su vista fue totalmente restaurada y podía ver todo con claridad. 26Jesús lo envió a su casa y le dijo:
—No pases por la aldea cuando regreses a tu casa.

Un par de ideas que me gustaría compartirte en relación a este relato:

No todo lo extraño es necesariamente algo malo.

Me encanta este pasaje. Primero que nada porque Jesús rompe todos los parámetros. Puedes decir lo que quieras. Opinar que fue un acto simbólico, que fue un acto casi “santo”. Pero te desafío a seguir manteniendo esta opinión si alguien te sorprende  escupiéndote en los ojos. Vas por una oración y lo que recibes es saliva.

No sabemos con mucha certeza que es lo que estaba haciendo Jesús aquí. Pero quiero invitarte por un momento a que te pongas en el lugar del ciego ¿Qué habrá pensado este hombre cuando un desconocido escupe en su cara?¿Qué pensamientos habrían pasado por tu mente? Probablemente, y lo más natural, es que te habrías sentido ofendido “¿¿qué estás haciendo??” Habríamos dicho probablemente.

¿No es así como reaccionamos algunas veces cuando no logramos ver con claridad lo que está pasando en nuestras vidas?  Miramos al cielo y gritamos:  ¿¿Qué estás haciendo??
La ventaja que tenemos en comparación al ciego de esta historia, es que podemos avanzar en el relato y saber como termino todo. El ciego no pudo hacer eso. La verdad es que no sé como habrá interpretado la acción de Jesús.  El texto no nos lo dice. Pero lo que quiero destacar aquí es lo siguiente: lo que a simple vista parecía una extraña locura (e inclusive ofensiva) era claramente una acción de Jesús. Y si Jesús hace algo, quédate tranquilo y confía (por extraño que sea) porque algo va a pasar.

¿Qué cosas actualmente en tu vida percibes como sin sentido, extrañas o inclusive ofensivas?
No todo lo que aparentemente puede parecer en contra nuestro, lo es. De hecho, puede ser el comienzo de una acción de Dios para cumplir sus propósitos en ti.

Si estás frente a Jesús, tu poca claridad presente tendrá un futuro nítido.

¿Notaste que tuvo que orar dos veces? Te lo pregunto de otra manera ¿Notaste que JESÚS tuvo que orar DOS veces? El ciego no recibe la vista completamente en la primera oración. Hay un proceso intermedio. Hay algo que sucede entre la primera y segunda oración. Esto es lo que llamaré como el incierto momento de la vista borrosa.

Hay varios aprendizajes que podríamos sacar de este relato, pero déjame profundizar en uno en este momento.
Nuevamente pongámonos en la perspectiva del hombre ciego ¿Qué habrá pensado? Tal vez se cruzaron por su mente algunas frases como:  “ok, justo a mi me tocó el día de la pólvora mojada”, o “Claro…él ora por muchas personas, se sanan, pero a mi me tocará ir al oculista”. Nuevamente, no te vayas al final de la historia. Quédate en ese momento en que el “casi-ex-ciego” ve a los hombres como árboles.

¿Te sientes así tal vez hoy en tu vida? ¿Ves…pero sólo siluetas?. ¿Tienes la intuición que Dios comenzó una obra en ti pero no logras aún ver con claridad.?¿Vives en medio de la neblina?
Es muy fácil en ese momento querer abandonar. Renunciar. Negar o tratar de ocultar esa incertidumbre.  La verdad es que este hombre podría haber dicho, “Gracias por el intento. De verdad que te lo agradezco. Estoy mucho mejor que antes” e irse. . Pero si hubiera hecho esto nunca habría llegado a experimentar la sanidad completa por parte de Jesús.

¿Cuál es tu lugar borroso hoy? ¿Estás en medio de la niebla?
Sólo recuerda esto: En medio del incierto momento de la vista borrosa, quédate frente a Jesús. El está pronto a hacer algo.
Si estás frente a Jesús, tu poca claridad presente tendrá un futuro nítido.

Muy bien ahora si vayamos al final del relato en el versículo 25:

Entonces Jesús puso nuevamente sus manos sobre los ojos del hombre y fueron abiertos. Su vista fue totalmente restaurada y podía ver todo con claridad”

Pudo ver todo con claridad.

No sé por cuál camino estas caminando. Tal vez está rodeado de niebla. Tal vez estás en el incierto momento de la vista borrosa.

Para contarte el final de la historia: con mi familia (y después de varias “paradas técnicas” a causa de las curvas) llegamos a nuestro destino, sanos, salvos pero muy mareados. En un momento la neblina se disipó.

No te puedo decir cuando tu niebla se va a disipar. Ni siquiera te puedo asegurar que será pronto. Pero si te puedo decir que el mejor lugar para estar en el incierto momento de la vista borrosa es frente a Jesús.

La obra suya en ti no ha terminado y la buena noticia es que no te va a dejar inconcluso. La oscuridad presente no es tu final. Hay propósito, hay obra, hay proceso. Jesús hará la oración final y, finalmente, verás con claridad.

Tú, mientras tanto, quédate en frente de Él.

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