Una vida de oración en medio del loco ritmo diario

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Sabes lo que voy a decir incluso antes de que lo diga, Señor. Vas delante y detrás de mí. Pones tu mano de bendición sobre mi cabeza. Semejante conocimiento es demasiado maravilloso para mí, ¡es tan elevado que no puedo entenderlo! ¡Jamás podría escaparme de tu Espíritu! ¡Jamás podría huir de tu presencia!
Young mother with baby girl (9 months) and young girl (2-3), facial expressionMuchas veces nos frustramos con nuestra vida de oración. Escuchamos a una persona que logra orar por dos horas y media cada día, nos comparamos con él o ella y nos desalentamos con nuestra pobre realidad. Apenas logramos orar un minuto antes de los alimentos y esto si en algún momento logramos sentarnos a la mesa para comer.
Escucho a padres que en su ritmo diario les es imposible apartar un “tiempo a solas”. Para los que tenemos hijos sabemos lo difícil que es esto en algunas etapas del crecimiento de los niños. Amamos a nuestros hijos con todo el corazón, pero cuando estás sentado en el baño (lo que pensaste que sería tu minuto de paz interior) llegan a golpear la puerta con algún requerimiento “hijístico” y todo se arruina. Qué decir de aquellos que pasan gran parte de su día en un trabajo, en clases o estudios que les absorben constantemente y no les deja tiempo para nada. Luego llegas a tu casa y no tienes energía para nada, menos aún para pensar en tu relación con Dios.
Es aquí que la frustración surge en nuestra vida espiritual. Sabemos que debemos cultivar nuestra relación íntima con Dios pero no sabemos como. Los predicadores además no ayudamos mucho con esto ya que generalmente mostramos la vida con Jesús como un camino “místico” que ni siquiera Francisco de Asís podría haber experimentado en sus mejores momentos.
¿Qué hacemos entonces?¿Estamos condenados a vivir una vida espiritual frustrada?¿Es posible vivir la fe en medio del loco mundo contemporáneo?
En el pasaje de arriba el salmista nos esta revelando una realidad que muchas veces se nos olvida. Dios está en todas partes y conoce todo lo de nosotros (tanto en aspectos internos como externos). El problema está por que generalmente pensamos que la vida de oración tiene un interruptor. Es como si tuviéramos que darle ON al “modo de oración” y luego cuando se termina bajamos a OFF y todo se acaba. No volvemos a conectarnos con Dios de ninguna manera. La verdad es que es esta no es la forma en que Dios está presente en nuestras vidas.
¿Te has puesto a pensar que cada palabra que tu dices, cada pensamiento, cada sentimiento que sientes Dios lo está escuchando? Entonces ¿Por qué no trasformar tu forma de oración a un modo mucho más conversacional?
Cuando vayas camino a casa conversa con Jesús acerca de tu día, los malos ratos que pasaste con tu jefe, las ansiedades que tienes. Deja que el te llene de su paz mientras le cuentas lo que estás viviendo. 
Si estás cuidando a tus hijos convierte en una acción de gracias el tiempo que puedes pasar con ellos. Aún en medio de pañales sucios cuéntale a Dios los deseos que tienes para ellos, háblale de los sueños para el futuro y de las preocupaciones que ves actualmente.
No tienes que necesariamente arrodillarte para tener un tiempo de oración especial o una vida espiritual viva. Dios está en todas partes, el te escucha y quiere conversar contigo ¿Por qué no aprovechar cada momento para hablar la vida con EL.
Jamás podría escaparme de tu Espíritu! ¡Jamás podría huir de tu presencia! Dice el Salmista. Deja que la presencia del Señor te encuentre en los lugares menos esperados…te vas a sorprender. 
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