Pololeos saludables (parte 1): Valores centrales

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Introducción:

Hace algún tiempo que me venía dando vueltas la idea de escribir un par de cosas respecto a las relaciones de pareja. Ya que se acerca la primavera y comienza la temporada del “romance” decidí que era buen momento de hacerlo y abordar específicamente el tema del pololeo.

Veo muchos jóvenes cristianos que se embarcan en una relación de este tipo pero que la mayoría de las veces no entienden en detalle de que se trata o que esperar de un tiempo como este.

Por otro lado veo personas que salen de estas relaciones muy heridas, se quiebran vínculos de amistad trayendo como consecuencia el debilitamiento de la comunión dentro de las iglesias locales.

Si bien la Biblia no nos habla explícitamente acerca del pololeo (de hecho no hay ninguna palabra ni en hebreo ni en griego que se le parezca…ni tampoco creo que en el idioma español serio) sí hay principios que podemos aplicar en este a esta “categoría” de relación romántica.

 Ya que el tema es bastante amplio lo dividiré en varios artículos independientes pero que seguirán un hilo conductor.

 Antes de entrar al primer tema me gustaría definir el pololeo como una relación exclusiva entre un hombre y una mujer que buscan conocerse desde la perspectiva de pareja y que puede desembocar en un noviazgo comprometido para el matrimonio o no. Esta relación consta de límites, valores y tiempos definidos. Puede ser terminada bajo mutuo acuerdo o unilateralmente.

 Sé que para mentes más conservadoras el concepto de pololeo puede sonar muy “light” o liviano sobre todo desde el paradigma cristiano/evangélico. Pero en esto veo dos tendencias. La primera es que en muchas iglesias se ha querido “tapar el sol con un dedo” y no asumimos que este tipo de relaciones ya están instaladas en la juventud. Pretendemos que los jóvenes permanezcan en una “burbuja de seguridad”. Creemos que lo que observamos de ellos en el corto y artificial tiempos de nuestras reuniones de días sábados o domingos refleja la vida completa de los adolescentes y jóvenes durante los siete días de la semana. Esto lleva muchas veces a que parejas luchen en secreto con dudas, problemas y situaciones sin sentir la confianza de abrir su corazón y plantear su realidad.

Lo segundo que observo es que hay iglesias que tienden a “espiritualizar” las relaciones románticas previas del matrimonio y ponen una carga de compromiso a estos vínculos que (para el nivel de madurez de los jóvenes) no logran manejar. Apresuran a las parejas a tomar compromisos y de esta manera generan culpabilidad cuando las cosas al parecer no están resultando como “era de esperar”.

 En mi opinión las relaciones de pololeo saludables son posibles. Pero para llegar a esto hay algunas variables que hay que asumir, discutir y practicar. Sobre todo hay que tener la intención de construir y no sólo improvisar.

 Por lo anterior creo que es vital buscar parámetros que les permitan a los jóvenes llevar relaciones de pareja sanas, bíblicas y que honren a Dios de manera  integral.

 Después de esta larga introducción, vamos  con el primer capítulo:

 1) Valores centrales 

“Los valores o principios deben ser como guías de profundidad que te ayuden a no encallar cuando las aguas sean poco profundas”

En la navegación náutica se usan bollas (esas cosas de colores fosforescentes que flotan) de distintos colores para demarcar los lugares donde hay aguas menos profundas. Estas marcas ayudan a que los barcos puedan navegar por aguas seguras sin riesgo de encallar.

Los valores centrales en nuestras vidas cumplen esta misma función. Nos ayudan a demarcar previamente nuestro rumbo de acción mientras “navegamos” por la vida.

Hay muchas personas que entran en una relación de pololeo y no tienen idea de cuales son sus valores centrales. No saben que creen acerca del amor, del matrimonio, de Dios, del dinero, de la familia, del uso del tiempo libre, etc. Por esta razón la mayoría de las veces su valores son absorbidos por los de su pareja. Si la otra persona tampoco tiene valores propios definidos es muy probable que entren en una improvisación que les llevará a “aguas peligrosas”

Tal vez te ha pasado alguna vez que debes comprar un regalo para alguien pero no tienes idea que comprar. Llegas a la tienda y te encuentras con un sin fin de posibilidades frente a tus ojos (sobre todo si quieres ahorrar y entras a una tienda de “todo a $1.000”): chocolates, paraguas, flores artificiales, linternas, palas y baldes para la playa, etc.  EL vendedor (que tiene una larga experiencia en compradores indecisos) decide venderte el mejor producto de su negocio, una “joyita” recién llegada de un país oriental que diseña productos exclusivos: Su gatito color oro que mueve la mano. Probablemente sabes que es un regalo poco elegante, pero el vendedor se aprovecha de tu indecisión. Sin saber como, sales de la tienda con cara de examen reprobado y en tu mano llevas el famoso gato oriental artificial feliz de tener un nuevo dueño.

Si es que no tienes definidos tus valores, algo parecido sucede en las relaciones de pareja. Entras a una relación sin saber que buscar o que encontrar. Simplemente dejas que el otro fije el rumbo de lo que se viene. Hay cosas que no te convencen mucho al principio pero ya que es “lo que hay” en “la tienda”, a la larga decides tomarlo porque crees que no hay nada que perder.

El riesgo de esto no es ser influenciado por los buenos valores del otro. (sin duda uno de los beneficios del pololeo es ser “bien influenciado” por la pareja). Lo que estoy diciendo es que cuando los valores que son centrales en tu vida son modificados, manipulados o negados a causa de una relación SI hay mucho que perder. Esto probablemente te llevará a modificar lo esencial de quien eres (o como fuiste creado) y por consecuencia te llevará a una desazón o frustración interna permanente.

Por esta razón soy de la idea que una persona debe esperar a tener sus valores centrales (o una gran parte de ellos) definidos antes de embarcarse en una relación de pareja. La improvisación de valores (si es que ninguno de los dos los tiene definidos) traerá tensiones innecesarias y dolores crónicos durante la relación de pololeo/noviazgo.

Ahora, si ya estás en una relación de pareja o estás pensando en comenzar una, (o tienes fe de que algo traerá el río) te recomiendo comenzar a trazar tus valores centrales.

¿Cómo hacerlo?

Aquí algunas preguntas que te pueden ayudar. Toma una hojita, o tu computador y piensa en lo siguiente:

A partir de mi relación con Dios: ¿Cuáles son valores o conceptos que NO estoy dispuesto(a) a tranzar o a negociar?

¿Qué buenos modelos que he visto en mi familia que me gustaría repetir en mi futura familia y que estoy quiero comenzar a cultivar desde ahora?

Quiero que mis hijos(as) en el futuro sean:________ (detalla características de su personalidad, no el color de sus ojos o la marca de la ropa que usarán)

Quiero que mis hijos(as) en el futuro tengas actitudes tales como:___________

Algo que no transaría, aunque me ofrecieran una gran cantidad de dinero (o de afecto) sería:____________

Luego de contestar las preguntas de arriba y algunas otras que se te puedan ocurrir, te animo a hacer un listado de tus valores centrales. Escríbelos y guárdalos de alguna manera y en un lugar donde los puedas encontrar en el futuro.

Cuando estés en una relación de pareja comparte esos valores con tu pareja. Si él o ella está dispuesto a respetar esos valores es un buen comienzo. Si no…. quédate con tu gatito color oro que mueve la mano. (a buen entendedor pocas palabras)

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Aquí puedes acceder a la parte 2 …

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