Un tiempo para todo

Tiempo de lectura: 4 minutos

Hay una temporada para todo,
un tiempo para cada actividad bajo el cielo.

Eclesiastés 3:1

El autor de Eclesiastés nos habla de distintos tiempos que suceden en nuestras vidas. Estos tiempos no solo se pueden observar en la vida de los seres humanos, sino que lo vemos en los animales, en las estaciones del año e inclusive en los cambios de temperatura en un solo día.

Mañana estaremos terminando nuestro ayuno de Daniel. Es el final de una temporada de búsqueda intencional.

Sin dudas cada uno de nosotros ha vivido este tiempo de maneras particular.

Para algunos quizás el ayuno fue sumamente difícil de lograr. Para otros más sencillo e inclusive para algunos tal vez el tema de la alimentación fue solo un detalle.

Algunos lograron llevar cada desafío diario de manera dedicada. Otros, tal vez, solo lograron completar algunos de los días y para algunos la hojita simplemente quedó pegada en el refrigerador.

Para algunas personas tal vez este fue un tiempo increíble de crecer en comunión con Dios; vieron respuestas a oraciones y profundizaron en su intimidad con el Padre. Para otros quizás fue un tiempo más bien de silencio y de perseverancia.

La buena noticia de todo esto, es que Dios trabaja de manera personal y de diversas maneras con cada uno. Comparar nuestra vida espiritual con la de otros es una  trampa. Debemos siempre recordar que somos aceptados por Dios a través de Cristo y no por nuestro esfuerzo humano. Esta debe ser la base para nuestra relación con Él. Todo lo que hacemos es en respuesta al gran amor que Él ya demostró por nosotros. Habrán tiempos de crecer, de podar, de perseverar, de escuchar, de hablar. En cada uno de esos tiempos el amor de Dios permanecerá y El, como buen alfarero, usará cada temporada para completar la obra que ya comenzó en nosotros.

Antes de terminar este ayuno me gustaría dejarte algunas preguntas para pensar. Si es posible, te recomiendo que tomes un tiempo para anotar tus respuestas y dejarlas como un registro para más adelante:

  • ¿Cuáles fueron algunos de los descubrimientos en este tiempo de ayuno?
  • ¿Hay algunas cosas de las cuáles debería ser menos dependiente de aquí en adelante?
  • ¿De qué maneras puedo mantener con regularidad algún(os) tipo(s) de disciplina(s) espiritual(es) que me ayude(n) en mi crecimiento?
  • ¿Qué sentimientos/pensamientos salieron regularmente a flote en estos días que podrían ser «síntomas» de alguna de las áreas en las cuales debo trabajar?(enojo, ansiedad, envidia, etc.)
  • ¿Hay alimentos que me estaban haciendo daño antes del ayuno y que ahora debo dejar o disminuir su consumo?
  • ¿Debo tomar alguna decisión respecto a mis finanzas y cómo estoy priorizando mis gastos?
  • ¿Hay relaciones que debo reparar u otras de las cuales simplemente debo alejarme o evitar?

Algunos consejos prácticos al levantar tu ayuno:

1.¡Tómatelo con calma!

Recuerda que tu organismo ha llevado varios días sin consumir algunos tipos de alimentos. Probablemente tienes ganas de consumir alguna de tus comidas favoritas que dejaste de lado. Mi recomendación sería que te lo tomes con calma y a un ritmo saludable. Terminar el ayuno con un gran banquete puede ser dañino para tu salud. Recupera tu dieta habitual paulatinamente.

2. Analiza que cambios podrías hacer en tu dieta:

Tal vez en este tiempo te diste cuenta que estabas consumiendo mucho café, azúcar, mucha carne, gaseosas o alimentos con demasiados colorantes o endulzantes artificiales. Dios nos llamó a ser buenos administradores de la creación y eso incluye nuestro cuerpo. ¿Será que es tiempo de disminuir o definitivamente sacar de tu alimentación algunos de esos productos? No te tomes la pregunta a la ligera. Reflexiona en esto.

3. Pon atención a tus áreas débiles en las próximas semanas.

Un error al terminar un tiempo de ayuno puede ser «relajarnos» excesivamente en todos los aspectos. En nuestras mentes podría surgir el pensamiento «ya que ayuné 21 días de x cosa ahora tengo permiso para darme ciertas licencias» . Lo único que demuestra esto, es que en nuestros corazones aún tenemos una tendencia religiosa y no estamos viviendo el evangelio en profundidad. Es lo mismo que pensar que el día domingo es el único día en el cual adoramos, o que el edificio de la iglesia es el único lugar donde nos debemos «comportar bien». Dios nos desafía a que perseveremos y nos esforcemos en su Gracia. No descuides aquellas áreas en las cuales eres más vulnerable.

4. Evita cualquier tendencia a pensar que eres «mejor cristiano(a)» o «más espiritual» por lo que acabas de hacer.

Mira el ejemplo del Señor que era manso y humilde. Jesús mismo nos recomendó que tratásemos de la manera menos llamativa nuestros ayunos (Mateo 6:16-18) Mantengamos una mirada adecuada de nosotros mismos. Recuerda lo que dice la carta a los Romanos:
Basado en el privilegio y la autoridad que Dios me ha dado, le advierto a cada uno de ustedes lo siguiente: ninguno se crea mejor de lo que realmente es. Sean realistas al evaluarse a ustedes mismos, háganlo según la medida de fe que Dios les haya dado. (Romanos 12:3)

5. Pon en tu calendario cuando será tu próximo tiempo de ayuno.

Con esto no me estoy refiriendo a 21 días nuevamente (aunque tampoco lo descarto) Si puedes, por ejemplo, definir que en un mes más ayunarás dos días parciales o completos. O también podrías definir un día mensual para apartar en oración y ayuno tu solo o en compañerismo con otros cristianos. Es bueno trazarnos ciertas metas, sobre todo en aquellas cosas que pueden aportar a profundizar y refrescar nuestra relación con Dios.

6. Finalmente toma un tiempo para dar gracias a Dios.

Su amor es perseverante y fiel. Su gracia es permanente y Él siempre está buscando acercarse a nosotros. Esto debe llenarnos de una gratitud continua y abundante. Dale gracias a Dios por lo que has podido aprender, darte cuenta y profundizar en este tiempo.

Por último, te dejo un listado de libros que te pueden ayudar a seguir profundizando en tu crecimiento espiritual y en la práctica de disciplinas espirituales:

  • Celebración de la disciplina(Richard Foster)
  • Fuego Vivo, viento Fresco (Jim Cymbala)
  • La oración (Tim Keller)
  • La oración (Richard Foster)
  • La oración (Philip Yancey)
  • El espíritu de las disciplinas (Dallas Willard)
  • La vida que siempre has querido (John Ortberg)
  • Devocional «De día y de noche» (Christopher Shaw)

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