Liderando como Jesús 1/ Lo público sustentado en lo privado

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Actualmente es muy fácil encontrar líderes que tienen un gran desplante en lo externo. Nos admiramos con su capacidad de oratoria, estrategia, desplante y personalidad. De la misma manera nos sorprendemos más tarde, cuando observamos con más detalle sus vidas y nos damos cuenta que no hay ningún sustento lo privado que acompañe su gran performance pública.

En el modelo de liderazgo de Jesús vemos algo completamente distinto: Su vida pública estaba sustentada en su vida privada. 

Muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó, salió de la casa y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar.
Marcos 1:35

Este pasaje es sólo un ejemplo de varias ocasiones en que observamos a Jesús en prácticas privadas de acercamiento al Padre. Jesús oraba en el secreto porque sabía que no había mejor lugar para relacionarse con Dios y buscar dirección para su ministerio.

Saber quién eres en privado, te da sustento para actuar en lo público

Las personas de su época se sorprendían de la autoridad con la que Jesús hablaba. Esto no provenía de una estrategia comunicacional bien pensada. Esta autoridad provenía del sustento que le otorgaba su identidad sustentada en la opinión de Dios Padre.

Jesús sabía en lo privado que su identidad  no dependía de la opinión de los demás. El debía sustentarse en lo que el Padre opinaba acerca de él como bien se lo había anunciado en su bautismo. (Mateo 3:16-17) Creo que una de las razones por las cuáles Jesús pasaba tanto tiempo con el Padre es porque entendía que sólo en sus Palabras debía sustentar su andar diario.

En el liderazgo nos encontraremos con muchas opiniones y palabras alrededor. Si no sabemos quienes somos en lo privado, la opinión pública nos ahogará.

Puedo observar que la gran diferencia entre la autoridad de Jesús y los fariseos, (y probablemente con nosotros mismos)  es que Jesús tenía construida su autoridad en fundamentos mucho más firmes. Su vida y ministerio estaban sustentados en la certeza de quién era el frente a su Padre y eso era inamovible.

Por esto en tu liderazgo, saber quién eres en privado, te dará sustento para actuar en lo público. ¿Sabes quién eres?¿En qué sustentas tu identidad?

Si nos enfocamos sólo en el escenario, nos frustraremos con nuestras “bambalinas”

Todos en algún momento admiramos a alguna persona en algún área en particular: Los músicos pueden escuchar y admirar alguna banda o cantante extraordinario. Los deportistas ven al futbolista, corredor, voleibolista, o nadador del momento y quieren ser como ellos. Los estudiosos leen o aprenden de los académicos expertos y quieren tener ese nivel de conocimiento.

Si eres como yo, probablemente te vas a esforzar por algunas semanas en alcanzar el nivel de los profesionales, pero luego te frustrarás al ver que el avance no es tan fácil como esperabas.

Por ahí algunos dicen que la diferencia entre el amateur y el experto son seis horas de práctica.

Si observamos a un atleta de elite nos podemos frustrar al ver los resultados que tiene comparados con los nuestros. Pensamos ¿Por qué no puedo ser como él o ella?

Sin embargo, no debemos pasar por alto sus años de práctica, los alegatos y frustraciones en privado, sus desencantos, sus crisis vocacionales, las críticas duras que les han hecho, su perseverancia, sus calambres, sus lágrimas y sus dolores.

Es fácil enamorarnos de la performance externa y dejar de lado o minimizar los sacrificios privados.

Cuando vemos el ministerio de Jesús observamos su ministerio público. Pero no debemos olvidar que fue formado por el Padre alrededor de 30 años antes: aprendió el oficio de José, su padre terrenal. Lucho con las mismas tentaciones que nosotros. Probablemente pasó hambre, frustración, y desconcierto. Aprendió además en esos años a conectarse con su Padre celestial, escuchar su voz y alimentarse de esa relación. Pasó por el desierto y fue tentado en su identidad y seguridad.

Si nos enfocamos sólo en lo que vemos en el “escenario” de otros líderes y personas y comparamos eso con nuestras “bambalinas” (es decir aquello de nuestro proceso que aún no está completado) nos vamos a frustrar.

Pero no olvidemos que inclusive en la vida de Jesús existieron bambalinas que muchas veces perdemos de vista.

Las trizaduras en la vida privada resisten los tiempos tranquilos, pero nos dan inestabilidad en momentos de crisis.

En mi país (Chile) sabemos que la trizadura en un edificio o en una casa puede ser inofensiva en tiempos sin temblores. Pero cuando viene el remezón grado 7 Richter, todo se resquebraja alrededor o sobre esa brecha. Más aún, hemos visto edificios desplomarse por falta de reparación o resquebrajamientos en sus bases.

Lo mismo sucederá con nuestro liderazgo si nuestra vida tiene “trizaduras” en lo privado. Cuando las cosas van “según lo esperado” no correremos “mayor riesgo”.

Sin embargo, cuando nuestro carácter sea desafiado, nuestra paciencia puesta al límite, nuestra dependencia del plan soberano de Dios cuestionada, probablemente veremos como esos espacios trizados comienzan a jugarnos en contra. (y por ende a quienes lideramos o que nos rodean).

El tiempo para trabajar en esas “trizaduras” es antes del terremoto, no durante.

Jesús sabía de esto. Por eso recuperaba sus fuerzas en la soledad. Se apartaba a orar. Buscaba escuchar la voz el padre. Luego de servir a multitudes se “arrancaba” de ellas por un tiempo.

No dejaba que el éxito le encegueciera ni que el fracaso lo abrumara. El “reparaba” sus posibles “trizaduras” en lo privado para mantenerse firme en las tormentas.

Jesús no dejaba que el éxito le encegueciera ni que el fracaso lo abrumara. Clic para tuitear

Para pensar:

  • ¿Estás sustentando tu liderazgo público en prácticas y valores privados consistentes?
  • ¿Cuáles son algunas áreas en las cuáles seguir creciendo?
  • En tu experiencia como líder ¿Qué otros aspectos de la vida privada son fundamentales a mejorar?

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