el esfuerzo que vale

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Ayuno de Daniel, Semana 2

Me gusta mucho mirar los deportes olímpicos. Aunque nunca he practicado uno (a menos que el levantamiento de biblias de estudio sea considerado como tal) me llama la atención al nivel de perfección al que pueden llegar los atletas. Muchos de esos deportes requieren un manejo técnico profundo de algún aparato. Otros necesitan un estado físico de alto nivel.

Al observar a estos deportistas desarrollar su disciplina con tanta fluidez, podemos caer en el error de pensar que lo que hacen es muy sencillo. La verdad es que para llegar a ese nivel han tenido que invertir horas, días y años de práctica constante. Probablemente han sufrido desánimo en el camino, cansancio, dolor y seguramente, ganas de abandonar.

Por alguna extraña razón podemos llegar a pensar que el camino de la fe se puede vivir de una forma distinta. Al parecer mucho de lo que se hace y práctica en las iglesias actuales lleva a las personas a creer y esperar que pueden encontrar atajos o botones automáticos que les harán crecer en carácter y madurez de manera express. Es así, que viven buscando la prédica, la conferencia, la canción, el líder o pastor que tiene la clave para el crecimiento instantáneo.

En una de las cartas de Pablo a su amigo y discípulo Timoteo, le anima a esforzarse. Pero no no le está hablando de un esfuerzo meramente humano. Mira lo que le dice:

Timoteo, mi querido hijo, sé fuerte por medio de la gracia que Dios te da en Cristo Jesús. Me has oído enseñar verdades, que han sido confirmadas por muchos testigos confiables. Ahora enseña estas verdades a otras personas dignas de confianza que estén capacitadas para transmitirlas a otros. Soporta el sufrimiento junto conmigo como un buen soldado de Cristo Jesús.

2 Timoteo 2:1-3


Pablo le está dando una clave a Timoteo: Esfuérzate «por medio de la gracia que Dios te da en Cristo Jesús». La Gracia es el Poder de Dios que nos permite experimentar el regalo inmerecido de perdón y la salvación por medio de Jesús. Pero también la Gracia de Dios nos capacita para poder vivir una vida abundante y fructífera en esta tierra.

Aunque en un principio esto pueda sonar contradictorio, este proceso de crecimiento sí incluirá nuestra perseverancia y esfuerzo. Pero este esfuerzo no es aquel que nos lleva a confiar nuevamente en nuestras propias fuerzas u obras. Es aquel esfuerzo que es empoderado por la Gracia de Dios para el cambio.

Así mismo como el atleta debe perseverar para seguir creciendo en su deporte, el discípulo de Jesús debe cultivar con perseverancia ciertas disciplinas o prácticas espirituales que se llegarán a convertir en una especie de vigas estructurales para su camino de fe. Los cristianos que no logran crear estas vigas de soporte, solamente mantendrá su fe cuando las cosas van bien o en los tiempos tranquilos. Pero cuando asechan las dificultades o circunstancias adversas, fácilmente se derrumban.

Esta segunda semana de ayuno puede ser más difícil. Ya pasamos la efervescencia de la primera semana, pero ahora estamos justo en la mitad, es decir, ni en el principio ni aún en el final. Te animo a perseverar. La práctica de la perseverancia en una disciplina espiritual como el ayuno (también aplica para la oración, lectura, silencio, etc.) te ayudará a crecer en la perseverancia continua de tu vida espiritual y seguimiento de Jesús. En tu caminar espiritual vendrán otros momentos en los cuales querrás renunciar, pero recuerda, por medio de la Gracia de Dios podemos esforzarnos de manera adecuada y con nuestra mirada puesta en Jesús. Él nos fortalecerá con su gran amor, poder y fidelidad.