Cautelosa esperanza


Debo decir que estoy esperanzado con el proceso constituyente. Sin embargo creo que Chile requiere una reforma más profunda. Algunos opinarán que esta reforma comienza desde las estructuras hacia la individualidad del ser humano. Yo creo que es al revés. Todo (lo bueno y lo malo) fluye desde la profundidad del corazón del ser humano.

Por otro lado, no podemos quedarnos anestesiados ante las profundas injusticias que se ven en nuestro país. No debemos silenciar los profundos dolores que gatillaron este estallido de violencia en Chile. Así mismo, no podemos permitir que el vandalismo sea parte de nuestro folklore. No debemos seguir riéndonos de la “viveza” del chileno que roba cuando nadie lo ve (desde el rico hasta el pobre) No podemos pasar de largo la urgente reforma que deben tener las fuerzas de orden para volver a tratar con dignidad a los civiles. Debemos también dejar de hablar de los derechos humanos como sí solo pertenecieran a cierto grupo que es “más humano” que otro. No debemos perder la capacidad de ver que dos cosas pueden ser violentas al mismo tiempo: el fusil de la policía como la molotov del que se manifiesta.

No debemos dejar que lo despiadado de nuestro sistema nos haga olvidar a nuestros ancianos y ancianas, niños y niñas, huérfanos y pobres.

Necesitamos también como iglesia cristiana a recuperar la esencia de nuestro mensaje y de nuestra práctica. Debemos hacernos una profunda y descarnada revisión. 
Debemos dejar de ser institución que replica el modelo de exitismo cultural consumidor. Debemos volver a ser esa iglesia que se acerca, que va, que mira al discriminado y le abraza. Que predica y vive la labor de la reconciliación (2 Cor. 5:18) Una ekklesia, una comunidad de discípulos que logra como en antaño, llenar de alegría la ciudad (Hechos 8:8) Debemos volver a ser el refugio de las masas (como hace algunas décadas Cristian Lalive describiera a la iglesia evangélica) y evitar a toda costa líderes, pastores y obispos que sean succionadores y abusadores de éstas.

Por eso debemos seguir avanzando en una sociedad más justa, pero no nos perdamos en el camino. Cualquier cambio que no incluya un cambio de corazón será solo cosmético. Podemos tener el modelo más estupendo del mundo, pero seguir caminando hacia el barranco.

Necesitamos una reforma, pero sobre todo una reforma del corazón. Y la única posible transformación del corazón, desde mi cosmovisión (que puedes compartir o no) es un encuentro real y profundo con Jesús.